Los medios de comunicación y la formación de la opinión pública

Los niveles de análisis que se abordarán en este artículo, tendrán como base los procesos de influencia social que definen la formación de la opinión pública sobre un tema en particular, las posiciones sociales ocupadas por individuos que ejercen influencia sobre el conjunto de la sociedad,  y  las representaciones ideológicas  que se forman en  un sistema social específico[1].

Los tres niveles están atravesados por el papel que cumplen los medios de comunicación en el espacio público. “Hemos visto que los medios, al hacer pública las cuestiones, ofrecen la ventaja de facilitar el paso de los problemas y discusiones al espacio público: ahora todo es susceptible de discusión”.[2]

 

El papel de los medios masivos de comunicación

En toda sociedad democrática, los medios de comunicación son el principal (pero no el único) vehículo de formación de la opinión pública y por lo tanto son un instrumento de poder que les permite intervenir y actuar sobre la realidad social.[3]

“…Al transmitir noticias, criticar y evaluar ideas y conductas, los medios también ejercen influencia política. Por tal razón existe una relación directa entre medios y política. El impacto de su influencia reconoce diferentes niveles:

  1. Los medios informan. Relatan acontecimientos ocurridos e informan acerca de procesos políticos. Informan sobre los protagonistas del proceso político y transmiten la imagen política que llega al ciudadano, lo que les confiere un apreciable nivel informativo.
  2. Los medios evalúan y juzgan ideas, acontecimientos, valores y conductas. Y lo hacen con vistas a los protagonistas de los acontecimientos y del público receptor. Con su descripción valorativa, evaluadora y condenadora de los hechos, los medios transmiten una realidad política que el ciudadano utiliza como parámetro para sus propias conductas y decisiones. A este nivel los medios ejercen un considerable poder de evaluación y enjuiciamiento.
  3. Los medios ejercen, asimismo, un poder de intermediación… Lo que es transmitido ejerce una determinada influencia. La intencionalidad original es un tema diferente. Sólo se trata de señalar que todo lo que se transmite a través de los medios, tiene carácter selectivo. Se seleccionan las noticias, los acontecimientos y las opiniones sin que en general exista una coincidencia exacta entre esa selección y el hecho real… No obstante, es preciso tener en cuenta que la selectividad es un problema básico, que difícilmente pueda solucionarse de manera satisfactoria.
  4. En ciertos casos, los medios poseen una suerte de poder monopólico. Es el caso cuando el consumidor, el lector, el público en general, no cuenta con diferentes opciones en la transmisión de la realidad política… En América Latina existen muchos ejemplos. El peligro es mayor cuando los propietarios de los medios privilegian intereses económicos y se identifican con partidos políticos o poderosos grupos económicos. Se va manifestando una problemática particular que obstruye el desarrollo democrático.”[4]

El Periodismo como barrera social

Se puede definir al periodismo como una forma particular de conocimiento social, en el que la respuesta del otro es el objetivo principal. Jesús Martín Barbero define al periodista como un mediador que hace explícita la relación entre diferencia cultural  y desigualdad social. “…Mediador será entonces el comunicador que se tome en serio esa palabra, pues comunicar  -pese a todo lo que afirmen los manuales y los habitantes de la posmodernidad- ha sido y sigue siendo algo más difícil y largo que informar, es hacer posible  que  unos hombres se reconozcan a otros, y ello en ‘doble sentido’: les reconozcan el derecho a vivir y pensar diferente y se reconozcan como hombres en esa diferencia.”[5]

La cita que antecede si bien es válida y aplicable soslaya sin embargo una parte importante de la  realidad y es la de  que el periodista en su papel de mediador actúa al mismo tiempo como barrera de determinadas cuestiones sociales que no son aceptables para los intereses del medio en el cual trabaja.

El concepto de gatekeeper[6] o barrera a la información que circula, si bien no fue aplicado al periodismo en su origen, forma parte de lo que Mauro Wolf definió como rutina periodística que es “aprendida por ósmosis y es impuesta sobre todo mediante el proceso de socialización de los periodistas en el seno de la redacción”[7]. En el marco de esa rutina internalizada, el periodista determina qué información publicar o no sobre determinado hecho noticioso, influido por las reglas que le impone el sistema establecido en el medio del cual forma parte.

Unida estrechamente a esta noción, se encuentra la definición de agenda setting[8] que aplicada a los medios de comunicación tradicionales determina los temas que se discuten socialmente. Dicho de otro modo los medios masivos imponen los temas que la opinión pública (al mismo tiempo construida por ellos) considerará fundamentales en determinado momento histórico, político y social.

Pero no solo de periodismo vive el hombre

 

Debe tenerse en cuenta que en la construcción  de las representaciones sociales y de la opinión pública sobre los distintos temas que supuestamente importan socialmente, intervienen otros factores tanto o más importantes  que los medios de comunicación.

Las formas de captación de la información, por parte de la población, y las fuentes de donde ésta proviene, “se inscriben en una relación interindividual específica cuyo significado se vincula necesariamente con las representaciones colectivas y/o ideológicas propias de las relaciones entre grupos dominantes y dominados”[9]. Los  vínculos   sociales primarios adquieren en este contexto una importancia fundamental.

En este sentido se vincula a la actividad política (entendida en el sentido amplio de la expresión) con la actividad de la comunicación. Los recursos pueden definirse partiendo de los componentes de un esquema de la comunicación ya que para ambos casos (o sea para la política y la comunicación) la sociedad es un organismo constituido por individuos y grupos que se relacionan entre sí. Además tanto en un proceso como en otro se considera al poder inserto en las articulaciones de cada institución social.

“El modelo comunicacional… consiste antes bien en examinar los componentes de la comunicación para ver qué dimensiones deben necesariamente considerarse en la interacción y para traducirlas adecuadamente en el lenguaje de la participación en los diversos órdenes, puesto que es precisamente en esa participación donde vemos el fundamento de un modelo comunicativo de la política”.[10]

 A su vez, Manuel Martín Serrano en su libro  “La producción social de comunicación”[11] plantea que existe una estrecha relación entre la sociedad y la comunicación, y que lo que el autor llama “comunicación pública” interviene directamente en los procesos de cambio social. Además establece que el uso que se hace de la información contribuye a la producción y reproducción de modelos sociales establecidos y el efecto de estas relaciones interactúan en el progreso o el estancamiento de los hombres, en su cultura, en sus propias relaciones y en sus instituciones.

A partir de Serrano cabe establecer que la información que circula y que es destinada a una determinada comunidad es una manifestación de la producción social de sentido y que esta se institucionaliza a través de organizaciones mediadoras más o menos complejas que se especializan en el tema. Estas instituciones pueden tratarse de los propios medios de comunicación de masas, organizaciones políticas locales y regionales, organizaciones específicas que entienden en determinado tema u otras organizaciones sociales como la iglesia, la escuela, etc. El papel de mediador en cuanto a la transmisión de información en determinada comunidad también puede ser definido por el rol que cumplen  sus integrantes en ellas (líderes de opinión).

El cambio del Sistema Social puede acompañarse con variaciones a nivel de los Mediadores y de los Interventores de la comunicación. Estas variaciones objetivas aparecerán reflejadas en mayor o menor medida, por la información contenida en los productos comunicativos. Por ejemplo, ciertos Emisores institucionales (el Gobierno, las Agencias de Noticias, la Iglesia, etc.) aparecerán más frecuentemente como Actores del proceso comunicacional, en una u otra etapa de la vida social, manejando una u otra clase de noticias referidas a uno u otros hechos. Del mismo modo la imagen que en los medios de comunicación se ofrece de los Emisores –o, si se quiere, la imagen que de si mismos sugieren los Emisores- mostrará probablemente sustanciales cambios coincidentes con el cambio social. Finalmente, la forma en que los Relatores expresan su relación con cada uno de los componentes del sistema de Comunicación –particularmente con los Receptores y con los Media- puede aparecer distinta tanto en el análisis sincrónico como en el diacrónico de los productos comunicativos”[12]

El papel de las mediaciones (o instituciones mediadoras) en los procesos sociales es fundamental cuando se analiza el manejo de la información como una actividad que no puede ser disociada de sus relaciones. Serrano plantea al paradigma de la mediación como “un modelo que trabaja con intercambio entre entidades materiales, inmateriales y accionales… La mediación también es un programa destinado a hacer cosas con las cosas y con el hacer cosas; no se limita a intervenir sobre las ideas que se tiene sobre las cosas. Las representaciones del mundo que cumple una función mediadora se asimila procedente del relato ideológico, pero además se interioriza cuando se usan las cosas de una forma prescrita por el modo de utilización; y también se incorpora a la conciencia mediante el aprendizaje de las maneras prescritas de ejecutar los actos públicos y privados. En las ideologías se tiene a la vista un producto de la mediación, pero no la producción. A diferencia de las Teorías de las Ideologías, la Teoría de la Mediación concierne a la producción social de todo elemento mediador, sea objeto, relato o rito: o entidades en las que coinciden todos estos rasgos como productos comunicativos”.[13]

¿Cuánto más pública, más opinión?

 

Cabe en este punto desarrollar el concepto de  opinión pública entendida la misma como aquella  opinión basada en juicios compartidos por una parte considerable de la población  no determinada individualmente. Debe tenerse en cuenta que al ser expresada públicamente (aunque sea expresada por una sola persona) difiere de la opinión individual que se profesa en el fuero íntimo o se expresa en un grupo reducido de personas.

De manera más general se necesitan articular dos definiciones de lo que se considera opinión pública[14]. Por un lado se debe distinguir la opinión pública identificada con las sociabilidades particulares” de determinados lugares de reunión de individuos y de exposición de la misma (clubes, tribunas públicas, la calle, etc.). “Corresponde a la idea de opinión pública que Jürgen Habermas retomó en su libro sobre los espacios públicos y la publicidad: el espacio público a partir de las formas y lugares de la sociabilidad”[15]. Esto puede incluir a los medios de comunicación no como lugares propiamente dichos, si no como vinculación y forma de comunicación entre lugares específicos.

Por otra parte se puede analizar a la opinión pública en su forma más abstracta como un concepto que “… define un espacio abstracto de la circulación de lo escrito entre personas que no se unen, que no participan en al misma sociedad, pero que en privado al leer o al escribir en su esfera privada, se comunican entre sí a través de la circulación de  lo impreso[16]. Si bien esta definición que hace Roger Chartier se plantea al momento en que se escribe un texto en el siglo XVIII, es adaptable a la realidad actual de los medios de comunicación. Sobre todo si los analizamos a la luz de la política de globalización que determina el accionar de los mismos.

No corresponde marcar una oposición entre las ideas (definición abstracta de la opinión pública) y los procesos de sociabilidad que la conforman en una determinada comunidad. Es este último concepto, el que define al espacio público como un espacio  de circulación de ideas y cada uno de los miembros de esa comunidad piensa a la opinión pública “…como entidad abstracta, como tribuna, como instancia de juicio a la vez como justificación en la medida que hay personas que compiten para ser los portadores”[17]. En este sentido los medios de comunicación pero también determinadas personas en su rol de formadores de opinión vinculan ambas concepciones –la vinculada a lugares de sociabilidad y la definición abstracta- por lo que no es válido plantear oposición alguna.

Debe tenerse en cuenta que el Estado y lo poderes económicos y sociales son los principales formadores de opinión pública. Son las instituciones educativas (como instituciones del Estado) y la difusión de ideologías a partir de los medios de comunicación las que configuran las manifestaciones públicas de opinión, es decir, son las propias instituciones sociales las que en una compleja articulación de intereses inician el proceso de conformación de una opinión generalizada sobre determinado tema.

Por otra parte las representaciones sociales que surgen de, o son previas a, esa opinión pública son definidas como una categoría explicativa y no solamente descriptiva ya que se aborda el hecho social -que las origina- como “hecho de discurso”. “E. Durkhein dice que los hechos sociales deben ser considerados como cosa, por lo que, al tiempo que construye su teoría de las representaciones sociales, plantea que las mismas deben ser tomadas en el estatuto de la cosa, si se trata de hacer de la sociología una disciplina científica y no una ideología… Las representaciones colectivas manifiestan como se piensa el grupo en sus relaciones con los objetos que lo afectan. Plantea así no sólo una distinción entre lo social y lo individual, sino que en tanto lo social no es efecto de un proceso de generalización de lo particular, deslindas tales representaciones sociales de su causa”[18]. El mismo autor considera los sistemas de representaciones sociales de diferentes modos:

  1. Como aquellas ideas necesarias al hombre para poder vivir entre las cosas y arreglar su acción a las mismas; les da el estatuto de nociones vulgares o prenociones.
  2. Como producto de la acción social humana, lo que les otorga realidad, las ubica a las representaciones como el objeto legítimo de la sociología.
  3. Las representaciones son fundamentos de las categorías lógicas que hacen posible el pensamiento (las nociones de tiempo, de género, de espacio, de números)

La opinión pública forma parte de esos sistemas de representaciones sociales que existen como posibilidad a partir de que los hombres se ordenan en grupos.

Por lo tanto debe descartarse toda visión “instrumentalista” en lo que se refiere a la formación de la opinión pública, ya que ésta al ser  necesariamente social es al mismo tiempo, ideológica y política. Y en este proceso, los medios de comunicación (si bien no son los únicos que intervienen) cumplen un rol fundamental.

Lic. Silvia R. Abaca

Periodista

Especialista en Marketing Político

[1] Blumer, H. Y Mugny, G.: Psicología Social – Modelos de Interacción – Centro Editor de América Latina – Buenos Aires, 1992.-

[2] Lemieux, V.: Un modelo comunicativo de la política – Publicado en Gauthier, G.  y otros: “Comunicación y Política” – Cap. 5, pag. 102 –  Editorial Gedisa

[3] Thesing, J. – Priess, F. (editores): “Globalización, Democracia y Medios de Comunicación”. Pag. 29.  Fundación Konrad Adenauer – CIEDLA. Buenos Aires, 1999

[4] Thesing, J. – Priess, F. (editores): Ob. Cit. Pag. 29 y 30

[5] Barbero, J. M.: “De las modas teóricas a la pregunta por la legitimidad intelectual“, Revista Diálogos, Nº 25. México, FELAFACS

[6]  «Gatekeeper» – «guardabarreras», «guardaesclusas», «guardavallas» o «portero» – procede de la Teoría de Campo que en Psicología Social elaboró Kurt LEWIN en 1947.

[7] Wolf, Mauro. La investigación de la comunicación de masas (México D.F.), Paidós, 1991

[8] La Teoría de la Agenda-setting desarrollada por la Mass Communication Research en EE.UU. en los años 70 plantea que los medios masivos (radio, diarios, televisión) establecen los temas a los que el público asignará relevancia.

[9] Blumer, H. Y Mugny, G.: Psicología Social – Modelos de Interacción – Centro Editor de América Latina – Buenos Aires, 1992.-

[10] Wolton, D.: Las contradicciones de la comunicación política–  Publicado en Gauthier, G.  y otros: “Comunicación y Política” – Cap. 6, pag. 97 –  Editorial Gedisa

[11] Serrano, M.: La producción social de comunicación – Editorial Alianza – Madrid, 1999.-

[12] Serrano, M.: Ob. Cit.

[13] Serrano, M.: Ob. Cit.

[14] Chartier, R.: Cultura escrita, literatura e historia – Fondo de Cultura Económica – México, 1999.-

[15] Chartier, R.:  Ob. Cit.

[16] Chartier, R.:  Ob. Cit.

[17] Chartier, R.:  Ob. Cit.

[18] Di Tella, T. y otros: Diccionario de ciencias sociales y políticas – Puntosur Editores – Buenos Aires, 1989.-

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