Cuando el miedo mata la solidaridad.

El texto que transcribo a continuación lo escribió la Doctora Ana Gorosito Kramer, antropóloga, docente e investigadora de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones.Tuve el honor de ser su alumna en la carrera de Periodismo. Una alumna hincha pelotas que le discutía todo, por suerte ella no se acuerda. Una, que alguna vez fue joven, a veces, se arrepiente de ciertas cosas. Por ejemplo hoy, después de leer su nota publicada en Facebook. Hace días que andaba dando vueltas, pensando qué escribir sobre Luciano Arruga, hasta que me encontré con este, su sentido y doloroso texto. Lo reproduzco tal cual. No hay nada más que agregar.

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“El pibe sonríe con una sonrisa franca y confiada. Tiene los ojos del que mira con ganas al mundo, con ganas de vivir, de preguntar, de probar… Tiene la piel tersa de adolescente al aire libre, unos hermosos dientes. La foto del pibe es una ampliación de un fragmento. En la foto completa se entiende la sonrisa: orgulloso, sentado al lado del monitor de su compu. Un logro esa compu, seguramente, porque el resto del encuadre muestra un ambiente muy humilde. En otra foto, con la misma sonrisa, el pibe está recostado en la cama con la camiseta de su club: ahí sabemos que el pibe es de River. O que era de River. El pibe es Luciano Arruga y lo buscamos hace una punta de años. Ya sabíamos que a Luciano lo hostigaba algún sector de la bonaerense, ese sector que busca pibes pobres para que hagan de punguistas, de escruchantes, de penetras… que para quebrarlo lo detenían por cualquier pretexto, porque eso era parte del hostigamiento, de provocarle el cansancio, de entregarse a lo que según esos mismos tipos sería su destino fatal. Y no… hasta que un día, simplemente, desapareció.
Y todo bien con esta inmunda historia ya sabida de tanto repetida. Lo que me pudre la cabeza es otro asunto: resulta que al pibe “lo atropella” (?) un auto en un lugar de la General Paz donde sólo a un loco o a un suicida se le ocurre cruzar. Pero resulta que este pibe con ganas de comerse al mundo no era ni loco ni suicida. Y entonces resulta que lo levanta una ambulancia, lo llevan al Santojanni, a la guardia según presumo, lo intervienen pero no consiguen salvarle la vida y entonces va a parar a la morgue y como ocurre en esos casos alguna funeraria se encarga de meterlo en un cajón (algún barato cajón de pino) y lo llevan a la Chacarita donde lo entierran como NN. ¡NN! ¡Qué te parecen esas siglas!
Y ya llego al corazón de lo que hoy me mata, me destruye: y es que las fotos de Luciano al toque estaban en todos lados, en diarios, en carteles, en reproducciones fotocopiadas pegadas a los postes, a los árboles… ¿cuántos enfermeros hay en una guardia? ¿cuántos médicos atienden en la guardia del hospital Santojanni? ¿cuántos tipos trabajan en la morgue? ¿cuántos en la funeraria? Ponele que 15 en total, ponele que 10.. ¿ninguno tuvo el coraje básico para hacer una llamadita desde un teléfono público, una llamada anónima, disfrazando la voz, ponele… un gesto solidario pequeñito y de poco compromiso para acabar con ese duelo de 6 años, de esa desesperación familiar? ¿Tan bestias nos vuelve la cobardía, tan egoístas el miedo, tanto nos carcome el cagazo que nos vuelve incapaces de un mínimo, pequeñito gesto de solidaridad?”

Ana Gorosito Kramer

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