Sobre la “prensa independiente”, la oposición y la Diosa de las Cloacas

Este artículo que transcribo a continuación lo publiqué hace algún tiempo en http://www.misionesonline.net y a la luz de las últimas actuaciones de la Oposición en nuestro país, creo que tiene más vigencia que nunca.

Clarín

¿No hay gobierno que resista tres tapas??

LA DIOSA CLOACINA

Hace unos días discutía con “alguien” sobre la utilización del término “cloaca” para referirme al diario Clarín, y como corolario del “amable intercambio” de opiniones que tuvimos, prometí fundamentar, diccionario mediante,  por qué decía yo que “Clarín es una cloaca”.

Empiezo entonce por la definición de marras: cloaca es, según el Diccionario de la Real Academia Española, una construcción destinada a la evacuación de las aguas residuales domiciliarias. Es un  caño que se entierra, que se oculta y por el que circula todo aquello que desechamos, que no queremos que se vea, que no queremos que se huela. Y este término que puede sonar como un insulto, refleja la realidad de lo que está pasando con “el gran diario argentino” y con la mayoría de la prensa en nuestro país.

Aunque parezca una verdad de Perogrullo, es necesario, en este punto,  aclarar que la tan mentada libertad de expresión (derecho humano fundamental consagrado en nuestra Constitución), no es lo mismo que libertad de prensa o mejor dicho de imprenta, como también plantea nuestra Carta Magna, aunque a veces, a propósito, en la generalidad de los casos, se las confunde. Y esta confusión se torna mucho mayor cuando se dice que ambas libertades son cercenadas por el “gobierno K”. En el  análisis que hace la mayoría de los famosos constitucionalistas, tan de moda en estos tiempos, se señala que el segundo deriva necesariamente del primero, pero no son lo mismo.

El Pacto de San José de Costa Rica al que nuestro país adhiere, dice que” toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideraciones de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección y gusto.” Y que este derecho no se puede restringir por el estado o particulares, ni por ningún medio directo o indirecto, tome este la forma de periódico, frecuencia radioeléctrica o cualquier aparato utilizado para la difusión de información.

La prensa, desde el punto de vista del derecho positivo (capitalista) es considerada un producto personal que “debe” (y recalco el debe) ser creado con dinero y por lo tanto es propiedad privada del empresario periodístico o de los accionistas que tienen el capital  necesario para poseerla.

Confundir ambas libertades (sin que ninguna de las dos deje de ser importante en un sistema democrático) forma parte de una estrategia destinada a la preservación del poder y a la defensa de determinados intereses que no tiene nada que ver con nuestros derechos como seres humanos y como ciudadanos.

Pero volvamos a la cloaca, que de ella estábamos hablando. Cuando se aplica este apelativo a algo a alguien, es decir, cuando lo planteamos -la mayoría de las veces como producto de un exabrupto, en medio de una acalorada discusión- lo que estamos queriendo decir es que ese algo o alguien ocultan cosas turbias, sucias, no del todo claras. Cosas que huelen a podrido y que cuando salen a la luz nos dejan una sensación amarga y desagradable de la que no nos podemos desprender fácilmente.

Qué otro elemento si no la podredumbre que debería circular por una cloaca es el que sale cada vez que descubrimos una nueva mentira de la supuesta prensa independiente.  Esa prensa cuyo rol fundamental en un estado republicano y democrático debería ser el del control de funcionarios, legisladores y jueces, el verdadero Cuarto Poder. Tanto esto es así que en una encuesta realizada en pleno menemismo se reveló que el periodismo (sobre todo la prensa escrita) era la institución con más credibilidad en nuestro país, más aún que la propia Iglesia, y mejor no digamos en el lugar que estaba el gobierno. ¿Qué pasaría si repitieran esa encuesta ahora? Es todo un enigma que no muchos se animarían a develar.

Y no es sólo Clarín, que en todo caso es algo así como la madre de todas las cloacas; aquella Cloaca Máxima que construyeron los romanos y a la cual le dedicaron el patrocino de la Diosa Cloacina.

Pareciera ser que en estos momentos se está aplicando un axioma que suscribió Samuel Gelblung, cuando era director de la revista “Gente”, durante la dictadura: “Si hay que elegir entre la verdad o una noticia, lo que importa es la noticia”.

Es este lema, al que adhiere cierta prensa actual, lo que la convierte en una cloaca, porque niega el principio más elemental que debería regir a la profesión de periodista: el del apego a la veracidad de los hechos que se publican.

No es cuestión de hablar de la famosa objetividad periodística, porque no existe como tal. Ningún periodista es objetivo, porque en primer término, no ejerce una profesión independiente. Es decir es un asalariado que acepta la línea impuesta por el medio en el que trabaja, o se va. Y en segundo lugar, porque todo medio defiende unos determinados intereses, que son los que más le convienen a su patrón. Vuelvo a recordar que la prensa tal y como la conocemos es un producto del Capitalismo y por lo tanto, es el dueño del capital quien fija la línea editorial del medio de comunicación, cualquiera sea el formato que éste adopte.

A través de esos medios de comunicación (y no estoy hablando solamente de la prensa) es de donde se nos quiere imponer determinada forma de ver la vida y de analizar la realidad.  En programas pretendidamente de entretenimiento o periodísticos se bastardea la imagen de la mujer, al mismo tiempo que se pretende difundir valores de lo que debería ser la familia, la seguridad y la actuación de nosotros como ciudadanos. Se nos niega el derecho al enojo sincero y a la protesta ante la injusticia, acusándonos a los que disentimos, de crispados.

Pero quizás lo peor sea ver a nuestros supuestos representantes, hacer cola por unos segundos de notoriedad, todos diligentes a la hora de repetir el discurso impuesto, distorsionado por la obsecuencia y dispuestos a abrirse de piernas para rezar su plegaria más ferviente a nuestra  querida Diosa Cloacina, quien además de patrona de las cloacas romanas, era protectora del coito matrimonial.

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