La Construcción de la Noticia: El voto aspiracional

La Argentina, según los porteños

La Argentina, según los porteños

“Yo soy igual a Mauricio y Mauricio es igual que yo”, podría ser el subtítulo de esta nota que empieza con una anécdota familiar…

Anoche mientras miraba los resultados de las PASO en la Ciudad de Buenos Aires, empezaron a llegar mensajitos de mi hijo menor, militante de FPV, si los hay, enojado con el resultado, al igual que mi marido que estaba en el living, con cara de pocos amigos.

Le pregunté a Luis (así se llama “la luz de mis ojos”) por qué estaba enojado y me dijo lo obvio, por el resultado de las elecciones porteñas. Para su asombro, yo le dije que no estaba enojada, porque no esperaba otra cosa. Que el resultado de las primarias en las Ciudad Autónoma de Buenos Aires, era exactamente el que yo sabía que iba a suceder.

No se trata, a estas alturas, de que me haya vuelto pitonisa, clarividente, ni nada por el estilo, si no por simple análisis y por el poco conocimiento que tengo de historia, y de la composición social del habitante medio de la CABA. Tuve que escucharlo de boca de Hernán Brienza (una también tiene sus referentes), esta mañana, para animarme a escribirlo.

Y la cosa es así, porque el habitante promedio de la ciudad de Buenos Aires es de clase media… media digamos. O sea, es una persona, que en cierta manera, tiene su vida resuelta o cree que en un  corto plazo podrá lograrlo. Generalicemos, grosso modo, que en ese promedio se encuentran dos tercios de la población, que podríamos llamar típicamente porteña. Es una persona que tiene casa propia o puede pagar el alquiler de la que habita, tiene un buen trabajo (él o ella y/o su pareja), en muchos casos es profesional, obrero calificado, bancario o un burócrata que se precia. Tiene una buena obra social o una prepaga cara, por lo tanto su salud resuelta, sus hijos, si los tiene, van a una escuela privada o a públicas como el Colegio Nacional o el Pellegrini, va a un club cada domingo, o al shoping o seguro tiene un amigo con casa  en un country con el que comparte charlas y asadito. Los fines de semana puede ir a los miles de espectáculos, gratuitos o pagos que brindan los distintos sitios de la ciudad y así transcurre su vida, con casi todo resuelto. Para todo lo demás, existen los analistas, que seguro puede pagar o le cubre su obra social. Y todo esto no es una fantasía afiebrada de quien escribe esta nota, es la realidad, de por lo menos, el 60% de la población de la Capital de nuestra República.

Es esa la población que votó mayoritariamente a Macri y a Lousteau. No porque sean especialmente malos, ni solamente porque estén un poquito desmemoriados (pocos recuerdan cuando golpeaban las puertas de los bancos), si no porque su voto refleja la aspiración de ser como su candidato preferido. Es decir, aspiran a ser ricos empresarios, jóvenes cool, gente “eternamente feliz” que inventa pasitos raros sin ningún prejuicio.

Escuché, en la radio, que el voto porteño era un “voto cosa”, es decir puramente utilitario. Me arreglan un bache, lo voto, me hacen una bicisenda, lo voto y así por el estilo, y me permito disentir con esa apreciación. Porque si el querido y nunca bien ponderado Mauri, no hubiera hecho nada de eso, lo mismo lo hubieran elegido, a él o a su candidato estrella, el eternamente sonriente Horacio, tal como ocurrió. Porque estamos hablando de algo que los marketineros conocemos bien y que entra en el terreno de lo puramente psicológico: “Yo quiero ser algo más de lo que soy”. “yo quiero ser exitoso, formar parte del jet set, tener autos importados, mansiones, salir en la tele” y así por el estilo.

Está mal eso??? No necesariamente, ya que de aspiraciones, precisamente, se compone el famoso ascenso social del que a veces hablamos como una virtud.

Al porteño medio, no le interesa ser igualado con los que están abajo, tal como ellos los imaginan, y no porque sean, necesariamente discriminadores o malos tipos. Es más, creo, y no me equivoco, que la mayoría se suma a campañas de ayuda a hospitales, inundados, víctimas de siniestros varios, con todo su corazón y su energía. Pero… y acá está la cuestión, su vida no está afectada para nada por el mal funcionamiento de esos hospitales, ni de las escuelas públicas en general, ni por un trabajo mal pago y en negro, ni por la falta de acceso a bienes materiales y culturales, o cosas como la discriminación y el mal trato. Eso, ya lo dije, lo tienen resuelto. Por lo tanto, un candidato que plantee esas cuestiones no es del interés del votante medio de la CABA.

Esto que vengo diciendo implica entonces que los candidatos de nuestro Proyecto deben tener un giro ideológico o discursivo?? No, y no acuerdo, también con los que plantearon esto último. Y mi desacuerdo se basa en dos cosas simples y sencillas, si lo hicieran, dejarían, dejaríamos de ser lo que somos, en primer término, y como segunda cuestión, la gente se hace, pero no mastica vidrio. Se darían cuenta que se les quiere vender humo.

Y entonces…. “Entonces sonamos”, diría mi abuela, a seguir perdiendo elecciones, porque nuestro Proyecto es la igualdad, precisamente. Listo! cerremos el boliche y dediquémonos a otra cosa. Que los porteños se queden con el nabo bailarín, hagamos dos países y a otra cosa mariposa. Pero resulta que esto no solo pasa en Buenos Aires, pasa también en las grandes ciudades de nuestro país y en las provincias más ricas. Como ejemplo, acá estamos los santafecinos votando a la Tota!!! Mii dioo!! Si es como para, realmente, dedicarnos a hacer bonsai y dejarnos de joder con la política!!

Bien!! Hasta que por fin! llegamos a lo que, de verdad, importa: La Política. Y fundamentalmente a cómo diseñamos una estrategia que haga entender a esas sectores cuyo voto es aspiracional para arriba, que lo que nosotros planteamos no es igualdad para abajo, si no todo lo contrario. Porque la grieta existe, vaya si existe, pero ellos, los que no nos votan, están de este lado (aunque cueste entenderlo ahora) y no del otro.

Esos que no nos votan, no son, en su mayoría, ese grupúsculo de aulladores llenos de odio que pululan por las redes sociales y por los medios hegemónicos, que como gritan mucho, parecen muchos más de lo que son. En realidad son gente simple, sin mucha complicación, que lo único que quiere es ser feliz y que teme (porque desde esos medios, hacen que tema) que si tanta igualdad es la que triunfa, el, ella, ellos, no van a poder llegar a lo que quieren ser. Por ahí, leído así, hasta suena como medio nazi. De hecho el nazismo surgió de esa clase media asustada hasta el paroxismo. Si hasta el gurú del desgraciado (sin gracia) bailarín dijo que Hitler era un tipo bárbaro y lo mismo el sonriente Horacio fue el candidato más votado. Y ahora, a la que le dio miedo fue a mi. Pero en fin, volvamos a lo que nos ocupa.

Y lo que nos ocupa como venía planteando,  es la política y fundamentalmente una política de comunicación que llegue a ese electorado de las grandes ciudades que nos es esquivo y que rechaza mucho de lo que creen (o le hacen creer) que nosotros representamos, Y no estoy diciendo que regalemos ositos Winnie Pooh, como ya se le ocurrió a alguno, ni que, insisto, resignemos nuestras banderas. Si no que pensemos en una construcción discursiva, para ese sujeto político que está incluido en nuestro Proyecto, pero del que él no se siente parte.winnie-the-pooh-group-4900884

Más de uno pensará, “bueno, ya está, largalo, que hacemos”, pero lamento desilucionarlos, yo tampoco lo sé, si fuera tan fácil, no estaría acá escribiendo estupideces. De todos modos, me parece que debería ser una acción y una construcción colectivas. Sentarse a pensar juntos qué hacemos y mientras tanto armar una táctica colectiva  de “aguante”. Es decir, casi como un sacerdocio, bancarnos las discusiones con los vecinos, amigos, parientes, compañeros de laburo, tuiteros y facebuqueros varios, que repiten sin cesar el discurso “clarinesco” y hacerles ver que hay otra realidad y otro futuro posibles. Eso lo digo, sin ponerme colorada por acá, a pesar de que, mea culpa, soy una “bloqueadora serial” y una mina de poca paciencia ante la primer pavada que escucho.

La otra es pensar: piérdanse el voto aspiracional en el…. (bueno, ahí), las elecciones nacionales se ganan con votos, los de Recoleta, pero también con los de la Quiaca.

Aunque no lo digamos fuerte, o ya me veo a Mauricio bailando el Carnavalito, vio???

Anuncios

One comment

  1. muy buen comentario ! muy medular, realmente explica lo” inexplicable ” para muchos… damnificados votando a sus verdugos ( que no son tan diferentes de los del menemato ) porque quisiera ser como ellos …

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s