La Construcción de la Noticia: Prefiero morirme de cáncer… populista

El "carcinoma populista". No es lindo???

El “carcinoma populista”. No es lindo???

Hacía unos días que no escribía, no porque no tuviera ganas, si no por falta de tiempo. Una tiene que pagar impuestos, tarjeta, comida y esas minucias que hacen a la vida cotidiana, vio??

Quizás alguno piense, la leer el título, “esta mina perdió la chaveta, ahora sí, definitivamente”. No, no es así, y tampoco tengo ningún deseo suicida (el síndrome Nisman no me va), ni, por si acaso, pienso morirme de nada, por lo menos no por ahora, si no cuando me llegue mi momento, que espero que sea dentro de muchíiisiiimoo tiempo!!

Pero volvamos. La razón del título es que, si bien estuve sin escribir, no estuve sin leer, como cada mañana, los diarios y blog varios, que más o menos me interesan. Entre otras cosas leí la editorial de La Nación, motivo del título. Me atraganté con el café cuando la leí y me quedó una sensación de impotencia increíble. En nombre de la libertad de prensa no se puede escribir, impunemente, cualquier cosa. Me quedé rumiando que debe haber algún abogado que diga si eso es apología del delito y se le pueda hacer juicio,  o por lo menos, mandarles una carta documento, algo….

Me quedé, también, con las ganas de hacer como esos “opinadores anónimos” que pululan dejando su porquería y su odio en contra de este Gobierno, pero no me sale, por más que quiera, Y así estaba, pensando que si hay que elegir entre volver a la dictadura fascista que asoló nuestro país y, según La Nación, el “carcinoma populista”, prefiero morirme de cáncer, sin ninguna duda.

Hasta que hoy, con un poquito más de tiempo para buscar, me encontré con con esta nota de Roberto Caballero, en la que analiza la susodicha editorial y otras lindezas que se publican en “la tribuna de doctrina”, Va aquí el fragmento de la nota que se refiere a la opinión del diario de la oligarquía argentina. Brillante y con fundamento, yo no podría haberlo escrito mejor. Vale la pena leerlo.

La Nación y el “carcinoma populista”

Por Roberto Caballero

Esta foto ilustra la nota original de Caballero. Seguro que para La Nación, son los "próceres" de su República "repensada"

Esta foto ilustra la nota original de Caballero. Seguro que para La Nación, son los “próceres” de su República “repensada”

Bajo el título de “Repensar la Argentina”, La Nación en su edición del jueves 30 produjo un editorial a modo de balance de los últimos 32 años de democracia. La manipulación de hechos es una práctica tradicional en el diario fundado por los Mitre y regenteado hoy por la familia Saguier pero, no por repetida, dicha operatoria merece ser naturalizada. Lo que sigue intenta ser una lectura crítica de un texto que atrasa cuatro décadas en sus valoraciones y que, sin embargo, aún continúa vigente al interior del núcleo duro de sus lectores, una especie de ancla de sentido que mantiene atrapada a buena parte de la Argentina conservadora. Los resultados de las PASO en la CABA lo demuestran: ganó el espacio político que considera que los Derechos Humanos “son un curro” y la segunda fuerza es una que ni siquiera cuestiona dicha definición.

Empieza raro La Nación. Sostiene que “la cultura de los golpes militares eran parte natural del desenvolvimiento nacional”. Enseguida cambia la palabra “golpe” por “pronunciamiento militar”, y por más fintas que haga no puede disimular cierta añoranza por aquellas jornadas cívicas en las que los “tanques militares”, mientras avanzaban hacia la Casa Rosada –en el caso citado en el texto, durante el gobierno de Arturo Frondizi–, “detuvieron su marcha al encontrarse, en la intersección de las avenidas Alem y Corrientes, con los semáforos en rojo”.

Según recopila el redactor que asume desde el anonimato la representación de la mirada política general del diario, en la memoria parcial de la “tribuna de doctrina”, hubo un tiempo en el que violar la Constitución Nacional parecía ser menos grave que transgredir las leyes de tránsito. Bajo el ropaje de la crítica comprensiva, en realidad, lo que hay es una justificación de la acción destituyente que, analizada en perspectiva, lo único que debería concitar es el reproche. El “partido militar”, para La Nación, entonces no sería tan malo: violentaba las instituciones, suspendía los derechos y garantías, mandaba gente a prisión o a la tumba, es cierto, pero su infantería mecanizada respetaba el rojo de los semáforos. Es evidente que advierten un gesto de nobleza donde lo único que había era totalitarismo.

Sin embargo, desde 1983 a la fecha, el país menos malo para el diario que se apropió junto a Clarín de Papel Prensa durante la dictadura de Videla, ese en el que los tanques no querían recibir multas de tránsito, se tornó paisaje defectuoso e irrespirable. Está escrito, tercer párrafo: “Los militares dejaron el poder con un nivel social de pobreza del 6 % y, salvo los datos habitualmente falsos del gobierno kirchnerista, ésta no baja en la actualidad del 25%, según indicadores de la Universidad Católica, y es aún más alta de acuerdo con otra referencias”, que, por supuesto, el diario no cita. Es grotesco: las estadísticas totalitarias le resultan más creíbles que las de la democracia.

Faltaba una generación completa de jóvenes devorada por los grupos de tareas y arrojada al Río de la Plata. ¿Cómo medía las desapariciones el Indec que daba aquel 6% de pobreza que La Nación da por irrefutable? ¿Cuál es el documento de la Universidad Católica, producido entre 1976 y 1983, que haya relevado la persecución, los tormentos y el asesinato en masa de miles de argentinos para que ahora las cifras que elabora sean citadas como parámetro de algo semejante a la verdad?

Y sigue el editorial: “¿Qué decir de la encuesta con la cual La Nación abrió recientemente una de sus ediciones y por la cual supimos que el 79% de los Argentinos considera que vive en ‘un país al margen de la ley?'” Como mínimo, que es tardía, ¿no?  Un país sin ley es una dictadura. Es perverso que el diario que avaló una masacre colectiva perpetrada, precisamente, al margen de las más elementales normas de convivencia democrática, con crímenes de lesa humanidad probados y juzgados, se queje de la supuesta anomia del presente. “Se violentan todas las normas, pero por sobre todo las del presupuesto de que nuestros gobernantes deben tener las manos limpias y las uñas cortas”, agrega. El largo de las uñas es lo de menos. Se cortan con tijera. Lo deseable es que no estén sucias de sangre, como sí lo estuvieron cuando los tanques respetaban únicamente las leyes de tránsito.

Lo más llamativo es que el diario llame “infortunio” a estos 32 años de democracia “vaciados de republicanismo”. ¿De qué “república” habla? ¿A qué llama “vaciamiento”? La democracia argentina se ha vaciado de cosas, es verdad: del autoritarismo en forma creciente, sobre todo, y en el último tercio, de su trauma corporativo que la hacía puramente formal. ¿Pero qué “república”, entendida como “forma de gobierno”, existía en nuestro país hace tres décadas?

Habla el diario de los Mitre y Saguier de “tres transiciones”:

1) “La primera, de la época inaugural después del régimen militar, con Alfonsín, Menem y De la Rúa”.

2) “La segunda, la que se abre con la más grande crisis económico-financiera de la contemporaneidad argentina, entre fines de 2001 y 2002, en la que hubo varios presidentes, pero en la que el último de ellos, Eduardo Duhalde, logró una recuperación a partir del cuarto trimestre de 2002, que no resultó tangible para la opinión pública hasta después de la asunción de Néstor Kirchner”.

3) “La tercera, la que se encarna en la ilusión ciudadana de que después de la entrega del poder de la actual presidenta, el 10 de diciembre próximo, habrá una revitalización del crédito moral del país ante el mundo, una afirmación de los pilares centrales de la República –clara división de poderes y plena libertad de expresión y de prensa–, políticas de tolerancia, diálogo y consenso, el combate genuino contra el narcotráfico y una neutralización, gradual al menos, del carcinoma del populismo, que ha hecho estragos con los Kirchner”.

“La más grave crisis” a la que alude La Nación no fue una catástrofe meteorológica. No se trató del estallido de un volcán. Fue el resultado de políticas socioeconómicas monitoreadas por el FMI y el Banco Mundial, acatadas por gobiernos que recibieron y reciben, según se puede ver, un trato más benigno que “el de los Kirchner”, ese “carcinoma populista” (forma de cáncer con origen en células de tipo epitelial o glandular, de tipo maligno) que los saca. En su reescritura de la historia, Duhalde pasa a ser rescatado como un presidente providencial que logró enderezar el país: los asesinatos de Kosteki y Santillán no cuentan. El manejo prudente del conflicto social que hizo Néstor Kirchner desde su asunción, que evitó una guerra fraticida en una sociedad herida por la desigualdad, no merece siquiera una línea de reconocimiento. Al parecer, sólo produjo “estragos”.

Lo de la recuperación del “crédito moral” del país para después del 10 de diciembre es un ataque directo al actual gobierno democrático porque, de modo avieso, lo cataloga de “inmoral”. Menos moral, casi delictivo, es no pagar las deudas con la AFIP, como elude hacerlo La Nación con anuencia de un sector del Poder Judicial que sí vacía el sentido de las instituciones. El argumento republicano, que caló hondo por subordinación a la doctrina mitrista en el antikirchnerisno sin proyecto y sin memoria, es una bajeza de los oficialistas del genocidio: con Videla no había ni clara división de poderes, ni plena libertad de expresión y de prensa, ni tolerancia, ni diálogo ni consenso. Sólo terror y picana. Pero La Nación seguía saliendo, porque no publicaba editoriales tan “valientes” como esta, en la que llama a “Repensar la Argentina”.

“En sus siete años de gobierno, los militares fueron inhábiles para gobernar con una tasa de inflación menor del 100%, cifra disparatada, pero por cierto menor que la del último año de Alfonsín, 1989, en que superó más del 300 %”. ¿Inhábiles? ¿Eso es todo lo que tiene para decir La Nación de los protagonistas del periodo más sangriento de la historia nacional? ¿Los Kirchner son un cáncer y los genocidas, apenas, “inhábiles” en el ejercicio de una dictadura? A propósito, en los 5477 caracteres del editorial del jueves, no aparece esta palabra, “dictadura”, pese a que habla de “tanques”, “militares”, “regímenes militares” y “gobiernos militares”. La bestia sería el “populismo”. Un verdadero cáncer.

En la tapa de esa misma edición del jueves, el país “sin ley” y “sin república” asistió a una noticia (“Duro revés para Boudou: quedó más cerca del juicio oral”) que desmiente buena parte de su propio editorial: el fiscal Javier De Luca, que hace  13 días desestimó la acusación falsa de Alberto Nisman contra la presidenta como presunta encubridora de la voladura de la AMIA –operación desopilante que La Nación había dado por cierto y probado desde sus páginas–, esta vez decidió rechazar una apelación del vicepresidente contra su procesamiento en la causa Ciccone. Si esto no prueba el funcionamiento de las instituciones, ¿qué otra cosa probaría? A De Luca lo acusaban de ser un “fiscal K”. ¿Van a decir, ahora, que se volvió prodigiosamente “republicano”? O, en realidad, no van a decir más nada. Eso: quizá elijan el silencio. No van a defender a Boudou, seguro. Eso sólo está reservado a los “presos políticos” de la dictadura genocida. Cada tanto muere alguno de viejo, después de haber recibido condena en trámites límpidos con abogados y jueces observantes del debido proceso, no en la sala de tormentos, y el diario lo despide con prosa dolida y solemne. ¿Quizá porque el delito de nacionalizar las AFPJ es más aberrante que robar recién nacidos? Curiosa moral la de los que reclaman que el país recupere el “crédito moral” presuntamente extraviado en las aguas del populismo.

Fuente: Infonews.com

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